Plomo chino en nuestra casa

Ayer El País daba noticia de las revueltas que se llevan dando en China desde hace tiempo a raíz (entre otras cosas) de los graves efectos ambientales -y consecuentemente para la salud- de diversos puntos de producción que manejan sustancias dañinas. Uno de los principales focos de estas intoxicaciones parecen ser las plantas de producción de plomo refinado, del que China es el mayor productor mundial.

En el artículo nos cuentan las consecuencias en la salud de estas intoxicaciones, las medidas que ante ello está estableciendo el gobierno chino tanto para reducir la contaminación como para “silenciar” las voces de los afectados, y se nos dice que en China “el rápido crecimiento de la economía, el afán por el beneficio inmediato, la laxitud en los controles y la corrupción han causado serios problemas medioambientales que, a menudo, desembocan en estallidos de violencia por parte de los afectados”.

En el mismo artículo se hace referencia a que alrededor del 75% de la producción mundial de plomo es destinada a baterías de diversos productos eléctricos y aparatos electrónicos.

Resulta preocupante que se planteen los problemas en China como si se tratase de un espacio aislado y estanco, donde las consecuencias son derivadas de, y solo de, las políticas y dinámicas que allí se dan. Parece no cuestionar que los que consumimos en todo el mundo aparatos y productos que necesitan de esa producción de plomo refinado no juguemos ningún papel en la situación que se da precisamente en el mayor productor mundial del mismo. Y no busco sentimientos de culpa, sino una necesaria conciencia de que el modelo productivo y económico actual hace que se den tales interdependencias globales que hacen que no nos podamos sentar a mirar lo que ocurre en China desde nuestro ordenador, móvil o dispositivo electrónico sin replantearnos al menos de donde viene el producto que tenemos entre manos y cómo se produce, en qué condiciones laborales se encuentran las personas que lo desarrollan, qué consecuencias tienen esas fábricas en la vida de la población cercana, en el ambiente y en otros tantos aspectos. No podemos pretender no formar parte de lo que ocurre en China, porque la verdad es que tenemos un importante papel: el consumidor final.

Post hau ekonomia // economía, geografia // geografía, globala-lokala // global-local, hausnarketa // reflexión, jasangarritasuna // sostenibilidad atalean publikatu zen. Gogokoetara gehitzeko lotura iraunkorra.

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