Emprendedores sociales

Ante  la complejidad de los retos que supone hoy en día la planificación urbanística y territorial (entendiendo esta misma como la herramienta pluridisciplinar que permita organizar en todos sus aspectos nuestra sociedad y el medio en la que vive) y los intereses principalmente económicos que afectan a dicha organización y que son los que nos han llevado al punto en el que estamos, ¿no deberían, los puestos públicos relacionados con dicha planificación requerir un perfil de “emprendedor social”? Más allá de los puestos estrictamente políticos, nos interesan casi más los puestos técnicos. Esas personas que deben tanto asesorar, como tomar decisiones indudablemente políticas, pues no deja de ser el urbanismo una disciplina política al fin y al cabo.

Por ejemplo, para acceder a un puesto de arquitecto municipal: más allá de su formación técnica, quizás deberíamos exigir unas inquietudes mínimas a esas personas. Deberían ser emprendedores sociales en toda regla. Casos ya típicos como el de Jaime Lerner, alcalde de Curitiba (Brasil) y arquitecto urbanista, son buenos ejemplos de políticos/técnicos tras los cuales parece haber una gran inquietud y preocupación real por lograr una sociedad, ciudad y territorios más justos y equilibrados. Más allá de lo acertado o no de la trayectoria de este hombre, lo que es interesante es la riqueza que supone su vocación político-social sumada a su formación técnica.

¿Y qué es un emprendedor social? Podemos aproximarnos a su definición citando a la Escuela de Emprendedores Sociales del Centro de Iniciativas Emprendedoras:

Un emprendedor social es, ante todo, un líder social; en ocasiones, un intraemprendedor en el seno de una entidad no lucrativa; en cualquier caso, un tipo de emprendedor que:

  • Identifica y aplica soluciones prácticas a problemas sociales combinando innovación, captación de fondos y oportunidad.
  • Innova mediante el desarrollo de un nuevo producto, servicio o mediante una nueva aproximación a un problema social.
  • Se centra sobre todo en la creación de valor social y, con este ánimo, esta dispuesto a compartir abiertamente las innovaciones y resultados de su iniciativa con la perspectiva de su desarrollo potencial.
  • No espera a la seguridad de los recursos para poner en marcha su iniciativa.
  • Es extremadamente responsable con los fines a los que presta servicio.
  • Está abierto a redefinir y readaptar su proyecto para dar respuesta a necesidades y sugerencias de su entorno.
  • Se expone en su acción, a veces de denuncia, a un riesgo personal y político frente al riesgo económico del emprendedor convencional.
  • Es capaz de gestionar una compleja red de relaciones, de trabajar con recursos humanos muy heterogéneos, de ser multifuncional en su organización y muy eficiente en la gestión de recursos extraordinariamente escasos y de carácter temporal.

En la web de la organización internacional Ashoka se pueden encontrar algunos ejemplos concretos de lo que estamos hablando. Pero de lo que no cabe ninguna duda es que para desarrollar esa labor se requiere una importante formación, más allá de las inquietudes políticas y sociales que se pueda tener. Parece por lo tanto, a primera vista, que un equilibrio entre formación “técnica” e inquietud político-social sería deseable para nuestra clase política.

 

Post hau hausnarketa // reflexión, hirigintza // urbanismo atalean publikatu zen. Gogokoetara gehitzeko lotura iraunkorra.

Utzi erantzun bat

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Aldatu )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Aldatu )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Aldatu )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out / Aldatu )

Connecting to %s