Algunos números rápidos:

Viviendas vacías + viviendas construidas.

En la CAPV (datos de 2001 del EUSTAT) existen 878.600 viviendas, de las cuales 41.219 (4,69%) son viviendas secundarias y 89.145 (el 10%) están desocupadas. Se podría decir simplificando mucho que se recomienda que haya un parque de viviendas vacías para el buen flujo del mercado de un 5% del total. El 5% de 878.600 son 43.930 viviendas que deberían mantenerse vacías. 89.145(viviendas vacías) – 43.930(para el flujo del mercado) = 45.215 viviendas vacías que se podrían ocupar.

El tamaño medio familiar en ese año era de 2,3 habitantes por vivienda. 45.215  viviendas vacías x 2,3 hab/vivienda = 103.994 personas que de alguna manera tendrían una posible vivienda ya construida. Por seguir con datos del 2001, en ese año se construyeron 16.738 viviendas nuevas, de las cuales 2.647 fueron protegidas (el 16%). 16.738 nuevas viviendas x 2,3 hab/vivienda =  38.497 personas.

Si sumamos las 103.994 personas para las que podría haber una vivienda existente vacía a las 38.497 personas para las que se han construido nuevas viviendas, tenemos 142.491 personas para las que en 2001, físicamente, había una vivienda disponible (no entramos aquí a analizar el precio del mercado de la vivienda, las posibilidades de que esas personas pudiesen o no comprar o alquilarlas, o la localización de las mismas, si no que se quiere cuestionar la sobre oferta de vivienda y la difusión pública de que “hace” falta más vivienda). Es decir, simplificando mucho el análisis, podemos decir que se podría haber alojado cinco veces el municipio de Durango (28.679 hab), o más de la mitad de Gasteiz (234.740 hab), o cerca dela mitad de Bilbao (355.048 hab).

De este rápido y simplificado análisis se puede sacar una conclusión: las políticas de vivienda protegida podrían ir más dirigidas a adecuar el parque existente de vivienda libre en vivienda protegida, invirtiendo en promociones ya construidas para crear un parque de viviendas en alquiler a través de vivienda libre. Es decir, las instituciones públicas podrían crear sociedades para alquilar el gran stock de vivienda vacía que hay, y a su vez subarrendar estas viviendas a la ciudadanía. Con lo cual tanto la propiedad de la vivienda como el destinatario del alquiler tienen garantías pues es a través de sociedades públicas que se realiza la gestión. En Europa existen varios y buenos ejemplos de este tipo de gestión, en países donde el alquiler es la forma más generalizada de vivienda. Por lo tanto se trataría de estudiar esos ejemplos y ver cómo, si es posible, se podrían adaptar a nuestra situación.

 

Población y nuevos hogares.

El número de viviendas totales en la CAPV (EUSTAT) en el periodo 2001-2006 creció un 8,6%, y en ese mismo periodo la población se incrementó un 2,24%. En los años 2007 y 2008 se incrementó el número de viviendas en un 1,71% y un 1,43%, mientras que la población lo hizo en un 0,86% y un 0,70% respectivamente.

Esto puede tener su lógica porque aunque el nivel de crecimiento de la población vaya disminuyendo, es verdad que el tamaño medio familiar lo hace también, por lo tanto se está generando por ese lado una mayor demanda de vivienda. Pero habría que contrastar datos y ver si son descensos equiparables, y si realmente son necesarias tal cantidad de viviendas nuevas al año, y cuál es el interés que de verdad está impulsando este crecimiento desmedido del parque residencial.

En diez años (1991-2001) se ve una progresión en los cambios de los tipos de familias o mejor dicho, hogares. Los hogares unipersonales se han duplicado (de 73.648 a 151.855), la familia tradicional nuclear con hijos va mermando (de 323.230 a 302.533) y las nuevas “familias” y agrupaciones de personas para convivir van aumentando (la compuesta de 17.665 a 25.371, la nuclear sin hijos de 90.265 a 127.615, la monoparental de 50.910 a 75.428). Inversamente las familias ampliadas y las polinucleares van disminuyendo (de 55.699 a 53.198 y de 20.658 a 12.967 respectivamente). En el periodo 2001-2010 probablemente estos cambios hayan seguido trastocando totalmente los modelos de hogar para los que están diseñadas las viviendas existentes y las de nueva construcción.

Más allá de los modelos familiares, nos encontramos con diversos tipos culturales dentro de esos mismos modelos, la inmigración y las nuevas dinámicas sociales pueden requerir de muy distintas configuraciones espaciales de nuestras viviendas, independientemente del modelo familiar.

Habría que hacer un gran esfuerzo a la hora de transformar tipológicamente esas viviendas existentes diseñadas rígidamente para una familia burguesa tradicional a las necesidades de vivienda de hoy en día. Se necesitan nuevas formas de vivienda pensadas para una gran variedad de nuevos modelos de hogar y que permitan una flexibilidad en su uso tanto si cambian sus inquilinos como si no, que se adapten a un modo de vida cada vez más basado en la temporalidad y la movilidad. Una transformación que abarque tanto el espacio doméstico, el mundo privado, como los espacios comunitarios de los bloques residenciales y por qué no un replanteamiento de la organización de nuestras ciudades a escala de barrio.

 

Suelo rural y vivienda.

Por otro lado nos resulta muy necesario dirigir la mirada hacia el suelo que no es estrictamente urbano; el suelo rural y sobre todo ese suelo intermedio entre lo urbano y lo rural, que se ha denominado de diversas maneras:  periurbano, rururbano, rural-urbano…

Las relaciones entre el espacio urbano, espacio periurbano y el espacio rural en ciudades medias y pequeñas son de vital importancia para la calidad de vida y la calidad ambiental. La urbanización está siendo el proceso de transformación más importante que sufren estos territorios, y la falta de criterios ambientales, sociales y de visión de futuro ha llevado a una ocupación del territorio incorrecta y poco coherente con los retos a los que hoy en día nos enfrentamos global y localmente.  Hoy en día al planeamiento no le vale con una distinción del suelo tan simplificadora como urbano o rural, considerando rural “todo aquello que no es urbano”. Más allá de lo urbano hay todo una variedad de suelos, de diferentes usos, densidades, poblaciones socioeconómicas, características geomorfológicas, tipos de comunicación con lo urbano….

El 31% de las viviendas de la CAPV están en suelo considerado como rural (301.857). En 2001 33.152 de esas viviendas estaban vacías (13%), lo que supone un 40% del total de viviendas vacías de la comunidad. Por otro lado, en suelo “rural” hay el doble de viviendas secundarias que en suelo urbano (26.609).

La idea de que en suelo rural predomina la vivienda unifamiliar, queda totalmente rebatida al mirar los datos: solo el 22% del total de viviendas en suelo rural son unifamiliares (65.245), el 30% si les sumamos las bifamiliares. ¿El resto? pues  el 37% son edificios con entre tres y diez viviendas, y el 23% tienen entre once y veinte viviendas por edificio. El 10% restante son edificios con entre veinte y sesenta viviendas. La población rural aumentó en 2001 un 5,76% en el periodo 1996-2001, y un 3,26% en el periodo 2001-2006. En cambio la población urbana ha ido desde 1981 disminuyendo, en el periodo 1996-2001 lo hizo en un -3,03%, y solo a partir de 2001, hasta 2006, parece que se ha invertido ese descenso y ha aumentado en un 1,87%. Habría que ver la validez de estos datos según a qué se esté llamando suelo rural, pero lo que está claro es que gran parte de esta población habita en zonas periurbanas semirurales, y que son estos unos territorios de gran valor y con mucho que analizar.

¿Cuál es la realidad de este suelo rural-urbano? En general este suelo no ha tenido ningún tratamiento concreto, al menos según los criterios que hoy en día parece que debemos considerar (sostenibilidad urbana y territorial; cohesión, diversidad y educación social; eficiencia y equidad económica…). No se pueden pensar estas zonas igual que si estuviesen en suelo urbano consolidado, porque su contexto natural, sus comunicaciones, servicios y relaciones no lo son. Es por lo tanto importante ver qué está pasando en los suelos rurales-urbanos de la CAPV, hacer un análisis demográfico, financiero, espacial; entender cómo y dónde se vive y trabaja, cómo se producen las relaciones, y como afecta esto al territorio y a las ciudades. Promover la compacidad de lo existente y evitar una mayor dispersión mal planificada.




 

Post hau etxebizitza // vivienda, landa eremua // rural, soziologia // sociología atalean publikatu zen. Gogokoetara gehitzeko lotura iraunkorra.

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